Mi abuela María, la dimensión del tiempo en la evolución y los patrones de locomoción innatos del Sapiens.

¿Cuántos años somos capaces de concebir en nuestra mente? ¿10.000 años, 100.000 años?            ¿1 millón de años (M.A)?

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Mi abuela María

Tenemos constacia de nuestro paso por el planeta a través de las múltiples pruebas (fósiles, geológicas, biológicas, genéticas etc) y las obras que nos han sido legadas, pero realmente ¿somos conscientes de lo significan las magnitudes temporales manejadas en nuestra propia evolución como especie?

Aunque disponemos de mucha información histórica del pasado, y somos capaces de realizar prediciones creativas sobre un futuro muy lejano, no hablamos de imaginar momentos del pasado o futuro, si  no de entender lo que implica el volumen de tiempo que nos separan de esos instantes ¿Esta nuestra mente diseñada para concebir 100.000 años reales de tiempo? ¿Qué magnitud de tiempo podemos entender y abarcar conscientemente?

Como dijo Einstein, el tiempo es un concepto relativo, y para explicarlo de una forma sencilla decía:

«Cuando un hombre se sienta durante un hora con una chica bonita le parecerá un minuto. Pero déjalo que se siente durante un minuto en una estufa caliente y le parecerá más de una hora. Eso es la relatividad.»

Además, en la percepción del tiempo la variable experiencia juega un papel esencial, que será muy diferente para una persona de 70 años que para otra de 20.

Por ello, la magnitud temporal que podía abarcar mi abuela María, que alcanzó la edad de 96 años, y que había conocido a su propia abuela, a 12 nietos y a 5 bisnietos, se proyectaba entre pasado (abuela) y futuro (bisnietos) más de dos siglos.

Mi abuela María nació en 1912. Quizá ayude a contextualizar el marco temporal porque fue el año que se hundió el TITANIC. Entonces no existía la televisión ni internet y había un telefono para todo el pueblo. Los coches eran una auténtica rareza que solo tenían unos pocos privilegiados.

Mi abuela María murió en 2008. En sus 96 años de existencia acontecieron dos guerras mundiales, se inventó la televisión, se viajo a la luna, se descubrió el ADN, se inventó la energía nuclear, se terminó con enfermedades que hasta entonces se consideraban incurables, y con la invención de los ordenadores se abrió paso a la era digital: Internet, telefonía movil, Instagram y el Wasap.

El mundo que conoció mi abuela se limitaba a su entorno más próximo, un círculo de relaciones personales más íntimas que no superaban las 50 personas, eso sí, relaciones directas y personales que se producián practicamente a diario. La alimentación procedía del entorno cercano y en función de la temporada del año.

El mundo que conoció mi abuela María tiempo antes de morir era radicalmente distinto al de su juventud. Con la globalización se podía comer cualquier producto de cualquier parte del mundo con independencia de las estaciones, y la población de su pueblo natal (en Córdoba) se había multiplicado por 15, más rápido que nunca antes en toda la historia.

La dimensión emocional del tiempo

En 2004 uno de sus 12 nietos tuvo un niño al que vió nacer y conoció hasta la edad de 4 años. Mi abuela María era plenamente consciente, por razones obvias, que no le vería convertirse en adulto, pero si podía construir a partir de ese bisnieto una idea de tiempo futuro concreta y finita.

Conocí que mi abuela María podía abarcar en su mente una enorme franga de tiempo, que iba desde su propia abuela (nacida en 1859) con quien se crió y relacionó emocionalmente, hasta una proyección temporal sobre la vida de su bisnieto (nacido en 2004)  y que la situaban mentalmente en los albores del siglo XXII, como resultado de estimar su longeva vida y extrapolarla a ese niño.

En consecuencia, percibía el tiempo desde una dimensión emocional que abarcaba no solo su vida si no también la de los seres queridos que había conocido. En el final de su larga vida, y con la mente lúcida, era plenamente consciente de que la memoría de su tiempo vital desbordaba por detrás y por delante su propia vida en base a las experiencias emocionales que le habían dejado su impronta.

No se trata del computo de tiempo vivido, sino de la magnitud máxima de tiempo que podemos concebir en nuestra limitada mente en una sola vida, que en el caso de mi abuela fue de 241 años.

Por ello, hablar de magnitudes superiores al tiempo que es posible concebir escapa de nuestra comprensión y carece de significado para la gran mayoría de nosotros. Algo parecido nos sucede cuando hablamos de dinero, que lo cuantificamos por el valor monetario de las cosas tangibles que conocemos (una casa, un barco, un coche de lujo, un viaje etc). Así, cuando hablamos de cientos o miles de millones de euros no podemos concebir lo que implica esa cantidad.

Lo mismo nos pasa con el cálculo de las distancias, que tan solo concebimos aquellas que podemos imaginar a partir medidas arbitrarias abarcables en nuestra mente: metros o Km, o de referencias (de la colina al río etc). Pero ¿qué sucede cuando nos plantean la distancia a una estrella en años luz? Sabemos que se trata de algo muy lejano, pero simplemente desborna los límites imaginables de nuestra mente.

El hombre es la medida de todas las cosas, también del tiempo.

Una persona longeba podría alcanzar a concebir y percibir magnitudes de tiempo que transcienden a las de una vida a través de las personas con las que ha tenido fuertes vínculos familiares o personales, entre pasado (abuela), presente (madres e hijos) y futuro (nietos y bisnietos) en una horquilla temporal, en la actualidad, de entre 220 y 250 años. Más allá de este margen el tiempo nos es ajeno, porque somos incapaces de involucrarnos emocionalmente con personas que ni conocimos ni conoceremos.

En base a esto traten de pensar en el tiempo no como una sucesión lineal de años que se amontonan unos sobre otros sin más sentido, si no en unidades de percepción humanas del tiempo, personas que lo transitaron, capaces de abarcar en una sola vida hasta 5 generaciones. De este modo, le será más facil aproximarse y humanizar el frio y distante proceso evolutivo tal y como nos lo cuentan los paleoantropólogos, biologos y genetistas.

Primero, viajemos al futuro

Para ello, propongo al lector que intente imaginar la posibilidad real que su nieto o futuro nieto tenga una hija, su bisnieta, y piense en ella como la futura abuela y tal vez bisabuela de otra niña, que a su vez alcanzará a ser la abuela de otra niña y así sucesivamente… Al cabo de tan solo 5 unidades completas y concatenadas de tiempo abarcado por cada una de estas vidas habrían transcurrido más de 1000 años.

Si continuásemos siguiendo las sucesivas ramificaciones del mismo arbol familiar  durante 1000 unidades de tiempo abarcado, o lo que es lo mismo, el máximo tiempo concebible por 1000 personas concatenadas en el tiempo, tendríamos 250.000 años trascurridos. Mucho más tiempo del que pasó desde la aparición de Homo Sapiens hasta nuestros días ¿Pueden imaginarlo?

Pues aún hay más…En 4000 unidades de tiempo abarcado, unidades como por ejemplo el que representa  mi abuela María  formado por su abuela, ella misma, mi madre, yo (su nieto) y mi hijo (su bisnieto), estaríamos en el año 1,000.2016 después de cristo (d.c).

¿A dónde quiero llevarles con este argumento?

Solo un ejercicio más. En 28.000 unidades de tiempo abarcado por cada una de esas unidades vitales estaríamos en el año 7.000.2016 d.c. En ese año nacería en cualquier parte de este planeta (o en cualquier otro colonizado por nuestra especie) una niña a la que llamaremos María que continuaría con la línea temporal. ¿Pueden siquiera imaginarlo?

El lector siempre puede argumentar que un ejercicio de esta naturaleza no es más que ciencia ficción. Nuestra especie continúa evolucionando y los próximos avances científicos podrían echar por tierra estos cálculos basados en nuesta actual longevidad, ya que del mismo modo que se venció enfermedades que hace 100 años parecían incurables ¿quién puede decir que en los próximos 1000 años no hayamos vencido al cáncer, y al propio envejecimiento?

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Ardipithecus

Ese futuro tan lejano que supone el año 7.000.2016 d.c nos resulta tan inconcebible como lo sería el actual año 2018 para nuestros antepasados de hace 7.M.A.(Millones de Años). De hecho, si pudiesemos viajar hasta el pasado esos mismos 7 M.A., la sorpresa de nuestra visita para esos antropoides arbóreos de la selva tropical africana conocidos como Ardipitecus sería, comparable a la que tendríamos nosotros mismos si esa niña del futuro llamada María (familar nuestra) nacida el año 7.000.2016 d.c  viajase en el tiempo para visitarnos.

¿Seríamos capaces de reconocer a esa niña como un ser de nuestra misma especie? ¿Acaso piensa que un Ardipitecus  reconocería como miembro de su propio linaje a un sujeto sin vello en el cuerpo, de gran altura y una cabeza 4 veces más grande que la suya? y que además, ¿es incapaz de trepar y moverse por los árboles?

Muchos lectores podrán pensar que hablamos de magnitudes no comparables puesto que desde hace tiempo que para el hombre ya no opera la selección natural como sí lo hizo con Ardipitecus. Homo Sapiens con su tecnología es capaz de controlar y someter las presiones ambientales de nuestro entorno y adaptarlas a nuestras condiciones biológicas en lugar de hacerlo a la inversa. Según Harari, autor de los best seller: De animales a Dioses, y Homo Deus (1-2), este hecho podría ser un vector condicionante de nuestra evolución física, pero ¿qué sucederá con nuestras capacidades cognitivas y nuestra organización social? ¿podemos afirmar que un dramático cambio de roles sociales no afectará a nuestro físico?

Ahora viajemos al pasado a través del viejo álbum familiar

En 1912 mi abuela María también fue la nieta y la bisnieta de alguién. Por aquel entonces, era la última rama de una saga familiar que hundía sus raices en un profundo pasado. Efectivamente, mi abuela también tuvo una bisabuela, que nació a prinpios del siglo XIX, cuando Darwin ni siquiera había imaginado postular su teoría de la evolución de las especies y Dios ocupaba el centro de la creación. Por aquel entonces la ciencia apenas comenzaba a asomar timidamene la cabeza.

human-originsEn la actualidad sabemos que la información que encierra los secretos de la vida se encuentra en el ADN. Imagine el lector que en la transmisión de nuestros genes, generación tras generación, llevasemos incorporado un gen de memoría fotográfica que pudiese registrar la imagen física de nuestros ascendentes familiares (padres, abuelos y talvez bisabuelos). Si tuviesemos acceso a estas imagenes en retrospectiva, seríamos testigos del proceso de cambio morfológico desde nuestra actual forma hasta las más primitivas como muestra el siguiente video:

Evolución de nuestro rostro desde hace 7 M.A

Supongamos que este hipotético álbum fotográfico familiar, tuviese en cada una de sus hojas los recuerdos fotográficos de una sola persona que abarcaría a familiares que vivieron en una horquilla de unos 150 años (de abuelos a los nietos considerando una media de vida en el pasado similar a la de los actuales chimpancés de 50 años). ¿Cuántas hojas creen que tendría nuestro álbum familiar si nos remontásemos hasta los primeros bípedos hace 7MA? constaría «tan solo» de 46.600 páginas.

Echemos una ojeada al álbum.

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H. Neandertal

Comenzando desde los recuerdos fotográficos de mi abuela María hacia atrás, veríamos una sucesión larguísima y aburrida de las mismas formas humanas claramente reconocibles, entre las cuales no estarían incluidos nuestros parientes los Neandertales, ya que  estos surgieron de una rama anterior.

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H. Erectus

A partir de la página 1600, (250.000 años) la cosa se pondría interesante, cuando surgió nuestra especíe en algún lugar de Africa. A partir de esta página hacía atras, continuaríamos viendo individuos erguidos sobre dos patas pero con cabezas más pequeñas aunque reconocibles (homo erectus).

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H. Habilis

Desde la página 13.300 (2MA)  continuaríamos viendo sujetos erguidos, pero de talla baja entre 1,50 a 1,20 cm (Homo Habilis). El vello cubriría la mayor parte del cuerpo, y la cabeza tendría un aspecto a caballo entre un chimpancé y un hombre. De la página 20.000 a 26.600, el aspecto de estos familiares peludos que caminan bípedos y de brazos más largos y dedos curvados (Australopitecus) no diferiría mucho al de un chimpancé, pero con el dedo gordo del pie alineado con el resto.

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Australopitecus aferensis

A estas alturas del álbum ya tendríamos pocas dudas de la tendencia simiesca de nuestros antepasados, y no nos sorprendería que desde la página 26.600 hasta la 46.600 viésemos reducir el tamaño de sus cabezas a una cuarta parte de las nuestras con un marcado prognatismo (mandíbula proyectada hacia delante).

Además veríamos encorvar la espalda en su caminar con el dedo gordo prensil como el de los simios actuales (Ardipitecus). En este proceso retrospectivo llamaría nuestra atención que el paisaje de fondo también habría sufrido dramáticos cambios, desde zonas urbanas de las últimas páginas hasta entornos selváticos densos y profundos en el corazón de Africa.

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Ardipitecus

Conectados con nuestro pasado

Lástima que nuestra información genética no albergue forma o lugar para almacenar la impronta visual de los parientes con los que nos relacionamos. Pero quizá no sea del todo necesario. Nuestro actual cuerpo es depositario de todo el legado del pasado y de ello tenemos innumerables pruebas (genéticas, morfológicas, metabólicas, histológicas, sensoriales etc) entre las cuales solo voy a referirme a los aspectos estructurales, posturales y motores.

pelvis-comparaDe todas las partes del cuerpo de los parientes que figuran en el hipotético álbum, desde la última página correspondiente a mi abuela María, hasta el inicio del bipedismo (hace 7MA) la parte del esqueleto más parecida a la de mi abuela sería la pelvis. El resto de los huesos, siendo los mismos en número y ubicación espacial (cráneo, húmero, cúbito,  radio…) serían claramente diferenciables por su forma y proporciones.

Luego resulta evidente que el esqueleto de Ardipitecus sufrió un proceso de modelaje hasta su forma actual en Sapiens. También parece claro que esto no sucedió de una vez, si no de forma gradual como propuso Darwin, o a saltos, como postularon Gould y Eldredge en su hipótesis del «equilibrio puntuado»(3). En cualquier caso, el mapa de esta metamorfosis ósea afectó, en mayor o menor medida, a todos los huesos del cuerpo desde una abuela María de la especie Ardipitecus, hasta mi abuela María de la especie Sapiens.

Ambas Marías tenían mucho en común en cuanto a su locomoción. Eran bípedas y empleaban un patrón cruzado, aunque dudo mucho que mi abuela hubiese podido trepar a un árbol. En cambio, la abuela Ardipitecus es más que probable que mantuviese esta capacidad, ya que su anatomía estaba diseñada, también, para este tipo de locomoción.

Mis abuelas Marías y los patrones de locomoción innatos descubiertos por Vojta

Pero aún hay más… ambas abuelas Marías, (una mía, y otra problamente de cientos de miles de nosotros), también podrían ser tratadas con la terapia de Vojta en caso de tener alguna alteración postural o motora.

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Uno de los patrones de la Locomción refleja con las zonas de activación

¿Qué es la terapia Vojta? es un método de fisioterapia que diagnóstica desviaciones de la motricidad ideal tomando como referencia los patrones motores genéticos que pueden observarse en la ontogénesis postural. Este período abarca desde el nacimiento hasta la marcha bípeda (0 a 16 meses aprox).

Vojta descubrió una forma de acceso reflejo a esos patrones motores innatos de la ontogenesis potural (4), a través de la presión de determinadas zonas del cuerpo y desde posturas concretas que denominó en su conjunto Locomoción Refleja (LR).

Comprobó que los patrones activados por esta vía tenían sus correspondencias precisamente con aquellos que aparecían durante la ontogénesis postural (5). A partir de ahí, demostró que nuestra característica marcha, con todos sus contenidos cinesiológicos, esta programada geneticamente (5-6). Por esta razón es posible activar respuestas parciales pertenecientes a la marcha bípeda, tanto en un bebé recién nacido como en un anciano.

Así lo comprobé con mi abuela María, pero ¿no resulta osado realizar la misma afirmación de mi (y tu) ancestral abuela María de la especie Ardipitecus?

Para responder a esta pregunta resulta más útil poner la carga de la prueba en negar esa posibilidad ¿sería posible que no tuviese disponibles los patrones de la Locomoción refleja (LR) que son la base de la locomoción bípeda y por ende de la terapia Vojta?

Ese caso implicaría que los patrones de la Locomción Refleja se insertaron en el genoma después de la locomoción bípeda, pero la LR no solo contiene todos los patrones necesarios para la locomoción bípeda, si no también de las locomociones cuadrúpedas como es la trepa. Y aún más inconcebible, no disponer de ellos equivaldría a afirmar que los primeros bípedos no disponían en su genética de patrones mucho más antíguos como el volteo, los movimientos fásicos de flexión de las extremidades, patrones para la orientación visual o patrones relacionados con la prensión. Simplemente insostenible.

¿Y si los patrones de locomoción, propios de cada especie, hubiesen sido aprendidos para ser incorporados posteriormente al genoma?

Desde el punto de vista evolutivo algo así no tiene precedentes en la biología, donde todos los animales nacen o eclosionan con sus patrones de locomoción preprogramados. De no ser así, piensen que las crías primates dependerían de un intenso período de instrucción para aprender su locomoción básica, de cuyo éxito dependería la supervivencia de la especie. En tal caso, es de suponer que hace tiempo que nos habríamos extingido.

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Potro recién nacido iniciando su locomoción

Esto no lo debemos confundir con el período de maduración que necesitamos todos los primates hasta alcanzar la respectiva locomoción definitiva, en nuestro caso la bípeda.

Este tiempo conocido como ontogénesis postural, se distingue por la adquisición automática (sin entrenamiento) y programada de nuevos patrones en relación con el entorno, y se debe a la gran altricidad (inmadurez) con la que nacemos (debido al tamaño de nuestro cráneo) en relación a otros mamíferos como perros o caballos, que a las pocas horas de su nacimiento ya tienen disponible de su locomoción definitiva.

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Test de suspensión lateral del estudio de Takeshita

Incluso entre los primates, cada especie tiene pautado en su ADN el ritmo empleado para alcanzar su madurez motriz, como demostró la primatologa Hideko Takeshita en un estudio comparativo con seís especies de primates incluida la nuestra (7).

Ardipitecus, como antíguo miembro de la familia primate tuvo que atravesar un proceso de maduración postural, es decir, un período de ontogénesis postural fuera del útero materno antes de alcanzar su locomoción definitiva.

En otras palabras: los bebés ardipitecus no podían caminar bípedos a las pocas horas de nacer, pero tampoco fueron instruidos para hacerlo, ya que disponían de programas motores innatos. La clave para realizar tal afirmación proviene de los actuales simios. Considere que los chimpancés actuales tienen su ontogénesis más breve que la nuestra, pero igualmente automática.

¿Eso implica que los contenidos cinesiológicos de la LR serían los mismos en mi abuela María y en mi otra abuela Ardipitecus? desde el punto de vista de la cantidad de patrones es más que probable, como refleja el estudio de Takeshita. La diferencia estaría en la calidad de algunas de las respuestas, es decir, la abuela Ardipitecus por su condición arborícora es presumible, por poner un ejemplo, que no tendría disponible la flexión dorsal de muñeca con desviación radial.

Sin embargo, disponer de los patrones de la LR, tampoco aporta gran cosa,  casi resulta una obviedad. Al fin y al cabo, se trata de un ancestro con una locomoción muy similar a la nuestra, y por las mismas razones también podría hacer cualquier otra terapia basada en el neurodesarrollo que con matices, a buen seguro compartiríamos.

Las zonas de activación de la Locomoción refleja y la evolución

Entonces ¿qué cuestión quiere abordar este Post en relacion a la Locomoción Refleja y al papel del tiempo en la evolución de nuestra especie?

Lo que me intriga profundamente, por el calado que implica en el camino de la evolución de nuestra especie, es el papel jugado por esas enigmáticas zonas de activación de los patrones innatos de locomoción.

¿Cual es su función? Oficialmente se desconoce. Su descubrimiento fue empírico. En otras entradas las defino en mi hipótesis evolucionista como Zonas de memoria evolutiva.

Esto significa: zonas concretas que sufrieron enormes presiones en el proceso de transformación de las estructuras anatómicas como consecuencia de cambios drásticos en las funciones posturales y motoras. Las  presiones selectivas de un entorno «viralmente bípedo» sobre las crías de corta edad sería la causa desencadenante del proceso de transformación selectiva, como ha sugerido Druelle en un estudio reciente(8).

Se trata pues de un proceso epigenético, es decir, modulación de la expresión genética por la influencia del ambiente. ¿De qué ambiente estaríamos hablando? Una comunidad pequeña y aislada donde la posición erguida sobre las patas traseras como forma de locomoción dominante (tanto arborícora como terrestre), sería la pauta en lugar de la excepción, por las consabidas ventajas derivas de la bipedía (liberación de las manos para el transporte de alimentos, mayor alcance visual, menos exposición solar etc).

¿Y el mecanismo «viral» de transmisión previo a la inclusión en el genoma? la imitación. 

Una característica innata capaz de reprogramar patrones neurales posturales y comportamientos, como afirma el prestigioso neurocientífico Ramachandran (9-10), cuando su influencia tiene lugar a una edad muy temprana y por generaciones. Otro  neurocientífico, el español Francisco Mora (11) lo resume así:

«La imitación es quizá el mecanismo social de aprendizaje más poderoso…los niños aprenden por observación directa de hechos que realizan las personas de su entorno.»

Y no debemos olvidar que hemos llegado tan lejos a causa de nuestras habilidades sociales y comunicativas muy por encima de otros primates no humanos. Dichos cambios producto del modelaje efectuados por un cambio en la función postural y de locomoción pasaron por su valor en la supervivencia al pool genético, dejando una «marca» o huella sobre las zonas «traumatizadas».

Un acceso para la activación de los genes involucrados, que al ser estimulados mediante la presión de estas zonas (con vectores determinados), evoca el patrón que generó la «nueva» estructura. Algo así como «Notarios» que registran los nuevos cambios exitosos para la especie y los archiva en el lugar correspondiente del genoma para que sean transferidos a las siguientes generaciones.

¿Qué implicaciones tiene esta teoría?  que apoya un concepto neo-lamarkista de la evolución, donde los caracteres adquiridos impuestos por presiones selectivas se incorporan al genoma, frente al actual concepto neo-darwinista de la evolución por mutaciones azarosas del que existen dudas fundamentadas por muchos científicos de  vanguardia (12-16).

De este planteamiento surgen otras preguntas: 

¿Estarían las 10 zonas que conforman la LR de Vojta presentes en Ardipitecus? No podemos saberlo, tan solo especular con la respuesta. Entiendo que es la hipótesis más factible, pero con contenidos cinesiológicos propios de su especie. La confirmación tan solo podría venir del estudio de nuestros parientes más cercanos: los chimpancés.

¿Hasta donde habría que remontarse para encontrar la entrada al genoma de las zonas de activación? Si las zonas de activación son el resultado de los nuevos patrones posturales que surgieron durante la evolución, sería más correcto formular esta pregunta de otro modo ¿cuando apareció por primera vez la capacidad de girarnos sobre nuestro eje longitudinal? ¿y la locomoción terrestre sobre extremidades? ¿y la prensión?

galantDesde la biología evolutiva se sostiene que el movimiento de las extremidades en el vertebrado terrestre es el producto de los impulsos procedentes de la columna vertebral originario de los peces, cuya locomoción esta basada en el movimiento ondulatorio del eje axial(17).

Nosotros ya no tenemos movimiento ondulatorio en la locomoción bípeda al estilo de los reptiles, pero curiosamente en nuestra inmadurez (hasta los 4,5 meses) presentamos un reflejo denominado Galant, que guarda estrechas vinculaciones con la locomoción ondulatoria ancestral (4).

Al estimular dicho reflejo, (realizando un rozamiento desde el ángulo inferior de la escapula hasta la pelvis en paralelo a la CV) tronco y extremidades ejecutan una incurvación del tronco de ese lado con avance de la extremidad superior contraria y la inferior homolateral. Curiosamente el mismo patrón empleado por reptiles y algunos anfibios. Este reflejo no desaparece, si no que se integra en circuitos más complejos, razón por la que en el tercer trimestre dejamos de observarlo. Su presencia supone una pista muy reveladora de nuestro pasado.

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Bebé recién nacido completamente dependiente

Así, el estudio de la dinámica de los reflejos primitivos (como es el Galant) de los bebés Sapiens así como de su (nuestra) ontogénesis postural nos proporciona una información muy valiosa sobre como la evolución sintetiza todo el proceso evolutivo en unos pocos meses (incluidos los de gestación), hasta alcanzar la locomoción bípeda característica. Y no del modo que promulgara Ernst Heackel en el siglo XIX, si no como un proceso de diferenciación altamente complejo que integra, ya desde el nacimiento, todas las zonas de activación de los patrones de LR descubiertas por Vojta.

¿Cómo podemos saberlo? así lo muestran los estudios realizados por Vojta en bebés menores de seís semanas(4), los cuales al ser estimulados en cualquiera de estas diez zonas expresaban patrones más maduros de su edad, incluso por encima del año de edad. Una prueba que evidencia la preprogramación genética de nuestra locomoción. Siendo un dato curioso no debería sorprendernos, puesto que la programación genética de la motricidad es común a cualquier otra especie, incluidos los primates no humanos.

Pensando en el tiempo futuro.

Si Homo Sapiens es en la actualidad el resultado evolucionado de lo que fuimos en un pasado, nada hace pensar que nuestros descencientes del futuro no sean el producto evolucionado de lo que somos ahora. La dirección que tome esa evolución tan solo podemos vislumbrarla desde nuestro tecnológico presente, pero ¿quién puede decirnos los giros que pueden tomar los acontecimientos en un período de tiempo inconcebible para nuestra limitada mente?

En cualquier caso si el ADN de esa niña del futuro (7 M.A.), no rompe la línea de continuidad genética, las posibles variantes de nuestra locomoción, sean las que fueren, (fruto de entornos diferentes al actual medio grávido de la tierra), quedaría incorporada a la genética al cabo de unas cuantas generaciones, de igual forma que hicieron nuestros antepasados cuando bajaron de los árboles. Una variación en la locomoción que tendría su reflejo en la estructura anatómica a nivel global en respuesta a las demandas impuestas por la nueva función.

Por ello, me atrevo a teorizar que si éste fue el mecanismo para el surgimiento en el pasado de las actuales zonas de activación, de las futuras modificaciones estructurales, surgirarán nuevas zonas de activación como reflejo físico de las tensiones responsables de su aparición.

De los patrones de LR y sus zonas de activación puedo afirmar, sin temor a equivocarme, que ya estaban presentes mucho tiempo atrás de que fueran descubiertos por Vojta, con todos los contenidos cinesiológicos que configuran la locomoción de Homo Sapiens. Y si están en Sapiens ¿qué nos hace pensar que las zonas no estaban tambíen (en mayor o menor número) en todas las especies que nos precedieron es nuestra línea filética?

Su empleo como herramienta terapéutica no estaba predeterminada, si no que fue una derivada ideada por su descubridor con fines terapeúticos, del mismo modo que la electricidad no estaba predeterminada para impulsar un coche o cargar un smartphone.

Consideraciones finales

En este momento de la historia existe una profesión como es la fisioterapia, en la cual podemos emplear este producto de la evolución humana destilado por el neuropediatra Vaclav Vojta para intentar diagnosticar tempranamente desviaciones de la motricidad genética humana, empleando su descubrimiento de las locomociones innatas como instrumento terapéutico para restituir patrones posturales y de movimiento que se encuentran alterados. Sin embargo, no debemos olvidar que el tiempo que llevamos utilizándolos no es más que una gota de agua en el oceano de la historia.

En el tiempo de la niña del futuro (7 Millones de Años) que hemos llamado María, es más que improbable que nadie utilice estos patrones como lo hacemos en la actualidad, incluso que nuestra profesión exista como tal, pero si tuviese la osadía de hacer una predicción, lo haría a que cualquiera de las distintas especies hacia las que evolucionemos portará en su genética una versión actualizada de los patrones de la LR que expresarán los patrones motrices de esa «nueva» especie.

Esta suposición da pie a formular otras preguntas:

  • ¿Quién puede decir que la manipulación genética no llegue a tal extremo que podamos diseñar superhumanos al margen de las presiones selectivas que moldearon nuestro cuerpo en el pasado?
  • ¿Llegaremos a saber con exatitud todo el proceso evolutivo de nuestra especie?
  • ¿Se conocerán entonces las causas verdaderas que explican la existencia de estas zonas de activación de los patrones de la Locomoción refleja?

Tal vez las repuestas a estas preguntas sean para los «escolares» del tiempo de nuestra María del futuro (7 M.A.) tan corrientes y simples como lo fueron para mi abuela María la redondez de la tierra, la utilidad de las vacunas, o las múltiples aplicaciones de la electricidad, hasta incluso el propio hecho de la evolución… hechos inconcebibles hasta hace muy poco tiempo .

No debemos olvidar  que somos portadores de un legado genético donde esta escrita nuestra trazabilidad a lo largo de la historia. La lectura de los patrones de la LR con sus zonas de activación, tan solo representan breves marcadores de página que balizan los críticos momentos de transición en el gigantesco álbum que es nuestro genoma.

Resulta fascinante imaginar que la memoria del tiempo abarcado en una vida longeba, como fue la de mi abuela María, ocupa una de esas páginas.

 Bibliografia

  1. Yuval Noah Harari. De animales a Dioses. Debate 2014.
  2. Yuval Noah Harari. Homo Deus. Debate 2016.
  3. Stefhen Jay Gould. Ontogenia y filogenia. 2010. Editorial Crítica
  4. Vaclav Vojta, Annegret Peters. El principio Vojta. 1992. Springer Verlag-Iberica
  5. Vaclav Vojta. Alteraciones motoras cerebrales infantiles. 1991.Paideia
  6. Vaclav Vojta, Edith Schweizer. El descubrimiento de la motricidad ideal. Morata 2011
  7. Takeshita H, Tanaka, M, Matsuzawa T. Development of Postural Reactions in Infant Japanese Monkeys. The Annual of animal Psichology, 33 (1984)
  8. Druelle F, Aerts P, Berillon G. The origin of bipedality as the result of a developmental by-product: The case study of the olive baboon (Papio anubis).
    J Hum Evol. 2017 Dec;113:155-161.
  9. Ramachandran, Vilayanur S. «Mirror neurons and imitation learning as the driving force behind “the great leap forward” in human evolution.» (2000): 29.
  10. Oberman, Lindsay M., Jaime A. Pineda, and Vilayanur S. Ramachandran. «The human mirror neuron system: a link between action observation and social skills.» Social cognitive and affective neuroscience 2.1 (2007): 62-66.
  11. Teruel, Francisco Mora. Neuroeducación: sólo se puede aprender aquello que se ama. 2013.
  12. Steele, E.J.- Somatic Selection and Adaptive Evolution: On the Inheritance of Acquired Characters. 2nd Edition. University of Chicago Press, Chicago, 1981.
  13. Steele, E.J., Lindley, R.A. & Blanden, R.V. Lamarck’s Signature: How retrogenes are changing Darwin’s natural selection paradigm. Allen & Unwin, 1998.
  14. Honeywill, Ross – Lamarck’s Evolution: two centuries of genius and jealousy. Pier 9 (Murdoch Books), Sydney. 2008
  15. Nessa Carey. La Revolución Epigenética. Biblioteca Beridan 2013
  16. Maximo Sandín. Lamark y los mensajeros. Una hipotesis sobre el papel de los virus en la evolución. Istmo. 1995
  17. G. Laufens, S. Seitz, G. Staenicke, Fachbereich. Fundamentos biológicos comparativos respecto a la locomoción innata, en particular respecto a la “reptación refleja” según Vojta. Fisioterapia 43. Jg (5/1991), Pag. 448-156

Acerca de Evolución humana y Terapia Vojta

Este Blog nace de la fusión de dos materias aparentemente independientes: La evolución de nuestra especie y la terapia Vojta en calidad de contenedor de los "fósiles" de la función motriz, como son los patrones de Locomoción Refleja descubiertos por Vojta. Contemplar estos patrones bajo el prisma de la evolución, y viceversa, constituye el propósito de este Blog.
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2 respuestas a Mi abuela María, la dimensión del tiempo en la evolución y los patrones de locomoción innatos del Sapiens.

  1. CARLOS dijo:

    Hola Luis

    Acabo de descubrir tu blog y me parece EXTRAORDINARIO, ADMIRABLE y otros tantos adjetivos más.
    Felicitarte por tu dedicación y esfuerzo en compartir todo este conocimiento

    Me gusta

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