La ontogénesis postural desde dos enfoques diferentes: Control motor & Principio Vojta.

descarga (23)Cuando en 1871 Darwin publicó el origen del hombre recibió duras críticas y ataques de toda índole, religiosas y científicas. Entre estas últimas jugaban en su contra la inexistencia de un registro fósil que pudiese demostrar las fases intermedias o de transición de nuestros parientes en la línea filética.

La intuición de Darwin le decía que este dilema se resolvería en el futuro, pero por entonces el mono era nuestra referencia más próxima. Vamos, que en ausencia de pruebas descendíamos del chimpancé; o dicho de otro modo, éramos, para los contemporáneos de Darwin, su versión extendida o evolucionada. Un salto de tal magnitud constituía un duro golpe para la teoría Darwiniana que solo podía confiar que en el futuro este enigma quedaría resuelto(1).

Darwin estaba convencido de que nuestra evolución atravesó etapas graduales a lo largo de millones de años desde un antepasado arborícola, pero al carecer de las pruebas fósiles tan solo se podía limitar a conjeturar una evolución del hombre de trazo grueso.

Poco tiempo después de que Darwin publicara su teoría, Ernst Haeckel, promulgó la teoría de la recapitulación que sostenía que el desarrollo embrionario de cada especie (ontogenia) repite completamente la historia evolutiva de dicha especie (filogenia). De otro modo: cada uno de los estados que el individuo de una especie atraviesa a lo largo de su desarrollo embrionario, representa una de las formas adultas que apareció en su historia evolutiva(2).

Aunque esta relación, tal y como fue formulada por Haeckel, quedó refutada por Von Baer en primer lugar, y más tarde por la teoría sintética, la vinculación entre filogenia y ontogenia continua vigente con enfoques modernos como el representado por Stephen Jay Gould recogido en su obra Ontogenía y Filogenia(3). El paralelismo que se revela entre ambos conceptos nos ayuda a establecer, salvando las distancias, una relación entre la filogenia de trazo grueso de Darwin y la igualmente gruesa ontogenia que describe la moderna teoría de sistemas(4).

Más allá de las obvias diferencias, las conjeturas, la imprecisión en la secuenciación y descripción de los procesos que conectan un hito de la ontogénesis (o filogénesis en el caso de Darwin) con el siguiente, constituyen los elementos comunes entre ambas teorías. Con la salvedad de que mientras Darwin no disponía de los medios y el conocimiento actual, la teoría de sistemas lo hace ignorando la existencia de una programación genética ideal de la ontogénesis postural, como viene reflejando el neuropediatra Checo Vaclav Vojta, desde los años 70 en todas sus obras (5-7) y trabajos científicos independientes.

Las referencias a Gesell en la teoría de sistemas se limitan a confirmar hechos ya descritos por Vojta, como la secuencia céfalo-caudal del desarrollo, así como de los hitos de la ontogénesis postural en una jerarquía en espiral caracterizada por la alternancia de avances y retrocesos en el proceso de adquisición de nuevos hitos motores.

A este respecto la cuestión clave para la autora de Control Motor es la siguiente:

“¿Cuál es la base para el desarrollo del control postural tras esta secuencia predecible de comportamientos motores?” Según Shumway-Cook:

                   … el control postural surge de una compleja interacción de los sistemas músculoesquelético y neuronal denominados en conjunto sistema de control postural. La organización de elementos dentro de este sistema esta determinada por la actividad y el entorno. Control Motor, pag 145.

Dentro de este control postural da la impresión que el sistema neuronal es una página en blanco que se va escribiendo con la experimentación, donde una organización anatómico-funcional pre-determinada genéticamente no tiene cabida más allá del primario control de los reflejos motores. De este modo, la única alternativa que plantea a su teoría de sistemas dinámicos es la antigua e incompleta teoría refleja/jerárquica de principios del siglo XX, más limitada por no considerar las influencias del ambiente en los procesos de aprendizaje.

                   La teoría de sistemas no niega la existencia de los reflejos, pero los considera como solo una de las muchas influencias para el control postural y motor. Control Motor. pag. 125

La ontogénesis “mágica”

La existencia de una pre-programación genética de los patrones de la ontogénesis como explicación del desarrollo del control postural en la ontogénesis, ni siquiera la contempla como hipótesis plausible. Teniendo esto presente, resulta más fácil entender la siguiente explicación del proceso de adquisición de la sedestación en el niño durante su desarrollo:

                   A medida que los infantes comienzan a sentarse en forma independiente, desarrollando así el control del tronco, deben aprender a dominar el control del balanceo intrínseco espontaneo de la cabeza y tronco y a responder a las perturbaciones del equilibrio…para realizar esto, necesitan extender los patrones para las relaciones sensorial/motora aprendidos del control postural cefálico al nuevo conjunto de músculos que controlan el tronco. Control Motor, pag134.

Si consideramos que entre el control cefálico alcanzado a los tres meses y el control del tronco correspondiente a la sedestación libre, en el entorno de los ocho meses, acontecen una serie de pasos madurativos esenciales en el SNC conectados entre sí, nos ayudaran a entender la progresión motriz entre ambos ítems del desarrollo.

Comprender que la maduración motora del SNC sigue una pauta pre-programada genéticamente es tan importante para entender nuestra naturaleza (y por tanto para entender las manifestaciones de la patología) como lo fueron para la paleoantropologia los hallazgos de Ardipitecus, Autralopitecus, homo habilis y erectus para entender como fue nuestra propia evolución.

Obviar los pasos intermedios nos conduce irremediablemente a la adopción de supuestos “mágicos” que completen las lagunas existentes, o en el mejor de los casos, atribuírselas a factores como el ambiente, que siendo poderosos e influyentes en la expresión genética no son responsables por sí mismos de las competencias que se les atribuyen en la ontogénesis que describe la teoría de sistemas.

La teoría de sistemas despacha este complejo proceso de la ontogénesis en una página (de la 133 a 134) donde analiza los diferentes estudios que tenían como objetivo determinar la pauta de adquisición del control cefálico concluyendo que este aparece de forma constante en el tercer mes de vida.

Antes de esta fecha el déficit de control cefálico se explica por la ausencia de actividad muscular organizada y no de fuerza muscular, algo que Vojta venía demostrando desde los años 60. De la mera descripción de hechos, ya descritos por otros autores, el proceso desemboca, sin más explicación, en el surgimiento de la sedestación con un argumento tan confuso como paradójico que se resume en la primera frase del citado párrafo:

                      A medida que los infantes comienzan a sentarse en forma independiente, desarrollando así el control del tronco…

Luego ¿cómo es posible que un niño logre la sedestación independiente cuando aún no ha desarrollado previamente el control del tronco necesario para alcanzarla? Lo que sugiere que la propia postura aparecida por “generación espontánea” es la que hace desarrollar el control del tronco que sería necesario para llegar a ella. Una vez conseguida, parece evidente que su práctica continuada la hará más eficiente.

Posiblemente sea esto a lo que quiere referirse la autora, ya que los mecanismos del enderezamiento axial en los primeros estadios de la sedestación son con frecuencia insuficientes (evidentes por la aparición de una cifosis dorso-lumbar). La práctica terminará de afinar estos mecanismos… pero esto no termina de explicar el hecho principal:

  •  ¿Qué patrones son esenciales para que un niño comience por sí mismo la sedestación?
  • ¿De dónde surge el control postural que le permite alcanzarla?

No hay explicación, tan solo la alusión a la interacción con el ambiente como actor principal.

Detrás de esta idea “mágica” de la ontogénesis subyace que la rehabilitación debe situar al niño en estas posiciones (aunque sea pasivamente) para que desde ahí desarrollen el control del tronco por generación espontánea, tal y como se desprende de su visión de la ontogénesis postural normal.

                     Los resultados de los estudios basados en los sistemas sugieren que, para la mayoría, la experiencia en una postura específica es importante para la información sensorial sobre la posición del cuerpo en el espacio que será utilizada para las acciones musculares que controlan dichos elementos. Control Motor, pag 139.

Y en referencia al control del tronco la teoría de sistemas conjetura una salida con el siguiente argumento:

                    Es posible que una vez que estos patrones se han establecido para los músculos de cuello, puedan ser fácilmente extendidos al control de los músculos del tronco.                                                                                                                                                              Control Motor, pag 134.

Tan solo desde el desconocimiento de la existencia de una programación genética de la ontogénesis postural se puede entender ésta como un proceso de “irradiación” difuso, es decir, ya que ha surgido algo en una zona, como es el control de la cabeza, entonces por vecindad, ese fenómeno se expandirá como una mancha de aceite hacia las zonas próximas.

Sin embargo, el mismo proceso (del control cefálico a la sedestación) ocupa 90 páginas (de la pag. 135 a la 225) en la obra de Vojta: El descubrimiento de la motricidad ideal, concluyendo en relación al entrenamiento a partir de un posicionamiento pasivo de la sedestación que:

                     Solo el niño que tiene claros déficits posturales soporta que se le siente pasivamente, postura de la que no es capaz de salir por sí mismo. Por eso también hay que cuestionarse si tiene sentido utilizar terapéuticamente la posición de sentado como posición de partida. Para todo niño con parálisis cerebral es, sin duda, una de las posturas más difíciles de mantener y posiblemente no la consiguen hasta años después de la puesta en pie, y evidentemente con un patrón anormal. El descubrimiento de la motricidad ideal. pag 225.

Para Vojta la sedestación libre no surge por generación espontánea sino que forma parte de la programación genética de la ontogénesis que:

                    …se organiza a partir de la sedestación oblicúa, cuando el niño, desde el apoyo lateral en una hemipelvis, pasa al apoyo sobre ambos isquios, con movilidad libre en ambos brazos.                                                                                 El descubrimiento de la motricidad ideal. pag 221.

No se trata solo de una descripción de una secuencia cinesiológica determinada, que además puede ser variable de un niño a otro, sino de reconocer los patrones esenciales, comunes y universales, que están detrás de cada uno de los ítems del desarrollo ya descritos por Gesell antes que Vojta.

Sin embargo, estos patrones han sido objeto de estudio y análisis en la obra de Vojta como nunca antes se había hecho; un análisis integral de la coordinación muscular que explica la relación entre un ítem y el siguiente, más allá de las variaciones producto del entorno y la personalidad del niño. El análisis muscular de la cinesiología del desarrollo según Vojta nos revela la dinámica interna de los complejos de coordinación global que constituyen cada uno de los ítems del desarrollo(4).

La bipedestación.

El siguiente ítem de la ontogénesis que toca la teoría de sistemas es la bipedestación, y lo hace en una página analizando un aspecto puramente transicional como es la bipedestación inmóvil con sus diferencias biomecánicas respecto del adulto en relación al equilibrio, sin hacer mención a los procesos madurativos que permiten alcanzarla. Sin entrar en matices la conclusión parece obvia: las reacciones de equilibrio maduran en sintonía con los tiempos del desarrollo del SNC, o lo que es lo mismo, con la edad.

                 A medida que los niños maduran, se perfeccionan los ajustes posturales.                                                                                                                                            Control Motor. pag 139.

De la contribución de los sentidos en esta acción, los estudios referenciados en Control Motor destacan el papel dominante de la visión, el cual varía en las diferentes etapas madurativas del SNC hasta resultar poco relevante para el desencadenamiento de las reacciones de equilibrio a partir de los 7-10 años en adelante.

En la obra de Vojta, la fase de verticalización y marcha ocupa 45 páginas (de la 212 a 257) dedicadas a su análisis y descripción poniendo de manifiesto, lejos del dogmatismo que se le atribuye, los múltiples influencias que sobre el proceso tienen otros factores distintos a la genética.

                    El niño se pone de pie por el impulso de orientarse, y no por el deseo de estar de pie como un fin en sí mismo. Hay diferentes variables, como pueden ser el ingenio, la propia constitución, los factores medioambientales y las condiciones culturales, que explican la gran variedad en cuanto a los tiempos de maduración de los hitos del desarrollo en la fase de verticalización.                                                El descubrimiento de la motricidad ideal, pag 214.

Sin embargo, lejos de la equidistancia entre herencia y ambiente deja claro que dichos factores no dejan de ser actores secundarios en el teatro del desarrollo motor.

                    Las relaciones establecidas entre los contenidos de los patrones parciales (pertenecientes a la ontogénesis de la verticalización) muestran que los patrones ideales y globales no se derogan nunca y, a pesar de todas las variables que influyan en ellos, se demuestra la existencia de un programa genético que está en la base de todo comportamiento motor.                                                                                   El descubrimiento de la motricidad ideal, pag 214.

¿Los movimientos anticipatorios son un producto de la experiencia?

La teoría de sistemas aborda también el estudio de los movimientos anticipatorios encargados de generar el marco postural que hace posible los movimientos voluntarios, situando el epicentro de esta “adquisición” esencial en el entorno de los 9 meses:

                  En el momento en que los infantes son capaces de sentarse en forma independiente y muestran movimientos de alcance relativamente maduros, también presentan una activación anticipatoria de los músculos posturales para estabilizar movimientos voluntarios en posición sedente.                                                         Control Motor. pag 143.

Se entiende por anticipación el control postural necesario que da soporte a la movilidad voluntaria. Sin los ajustes posturales previos al movimiento este no sería posible de forma eficiente, pero ¿cuándo aparecen por primera vez?

A este respecto, los estudios referenciados en Control Motor, medían reacciones de ajuste postural en niños de diferentes edades situados sobre plataformas móviles. Los resultados dicen que el entrenamiento mejora la organización de las respuestas ante los desequilibrios realizados, aunque los periodos de latencia entre respuestas no variaban respecto de los niños no entrenados. La conclusión viene a ser que el entrenamiento de las capacidades innatas impulsa su desarrollo hasta un límite marcado por el grado de maduración del SNC, o lo que es lo mismo por la edad, cuya madurez se sitúa entre los 7 y 10 años.

                   En estos estudios, desde los 7 a los 10 años de vida, las respuestas posturales fueron básicamente como las de adultos. No hubo diferencias significativas en la latencia inicial variabilidad o coordinación temporal entre los músculos de las sinergias de la pierna entre dicho grupo y los adultos.                                                                  Control Motor, pag 140.

Una vez completado el grueso de la ontogénesis con la marcha libre y hasta el entorno de los 7 años se elimina el freno impuesto por la biología; entonces el afinamiento de las respuestas anticipatorias como resultado del entrenamiento nos da la diferencia entre un funanbulista y un sujeto que jamas ha entrenado el equilibrio. En este ejemplo, como en cualquier otro, la clave está en la práctica sobre las mismas capacidades innatas. De lo contrario, si el entorno fuese determinante no encontraríamos esa uniformidad universal en la adquisición de los recursos motrices de los adultos sin ser adultos.

Heterocronía y pedomorfosis

La ventaja evolutiva que se desprende de este fenómeno es decisiva y se conoce con el nombre de heterocronía, un concepto ligado a la variación temporal en la ontogenia de una especie. Mientras que nuestros primos los chimpancés pasan de la infancia a la edad adulta sin transición en 8-10 años, nosotros disponemos de dos etapas más (niñez y adolescencia) una vez completado el programa motor, lo que da lugar a mayor tiempo para continuar desarrollando nuevas habilidades y destrezas antes de alcanzar la edad adulta.

Este fenómeno denominado pedomorfosis o retardo de las etapas del desarrollo fue descrito por Walter Garstang en los años 20. Por tanto, nuestra tardanza en alcanzar la madurez motora adulta puede interpretarse como la acción de la heterocronía impresa en nuestra genética y expresada en la extraordinaria prolongación de la infancia en relación a otros primates.

El entorno, por supuesto, jugará aquí un importante papel en la activación o silenciación de los genes que intervienen de una u otra forma en el proceso. De este modo se puede sostener que los ajustes posturales anticipatorios son innatos, aunque se expresen después del nacimiento. No dependen de la experiencia para ser eficaces, aunque sea en la experiencia donde el sistema nervioso tiene que realizar los ajustes necesarios para afinar su control postural automático y específico para esa acción; solo entonces se hacen eficientes y por tanto más precisos y económicos.

En otras palabras, la experiencia motriz en la ontogenesis postural esta contemplada en la herencia, forma parte consustancial de ella y es la única forma posible de poder experimentarla. El niño no es consciente de los pasos seguidos hasta la locomoción bípeda, su motivación, sus ganas de experimentar forman parte de la misma programación que va “leyendo” el material genético en tiempo y forma correspondiente a los programas motores que “tocan” en cada etapa de maduración. Todos los sistemas que conforman el programa motor sirven, como los demás, a un único propósito: el desarrollo del ser como individuo bio-psico-social. Una situación que refleja Govinda de la siguiente manera:

                     “La individualidad representa no solamente el polo opuesto, necesario y complementario de la universalidad, sino la única manera de poder experimentarla”
                                            Extraido de: El descubrimiento de la motricidad ideal

La programación genética de nuestra ontogénesis se ha mal entendido habitualmente como un proceso rígido e inmutable donde la predeterminación no deja lugar a la variabilidad. La genética corresponde a esa universalidad que nos hace reconocibles como especie estable en sus comportamientos básicos de relación con nuestros congéneres y con el medio físico. La marcha bípeda es universal en nuestra especie pero no existe una experiencia universal de la marcha, tan solo experiencias individuales de la misma.

  • ¿Acaso alguien puede explicarle a un niño que ha nacido con una diparesia espástica como es la experiencia de una marcha normal?
  • ¿Es posible hacer una transfusión de experiencia de marcha?

El niño que ha nacido con esta patología no puede disponer de esta experiencia sino de elementos que pueden asemejarse, aunque sea remotamente, a la misma. De hecho, tan solo es necesario un solo individuo sano para obtener una muestra universal de marcha. Lo mismo es de aplicación a cualquier otra especie como los perros, por muy distintas que sean entre sí las razas comparadas.

La flexibilidad que tenemos para hacer viable cualquier aprendizaje no puede ser de ningún modo una habilidad adquirida por la experiencia ya que sería equivalente a decir que la locomoción bípeda no es innata en nuestra especie sino fruto del aprendizaje. De ser así ¿como se explicaría nuestra anatomía bípeda desde el útero materno cuando todavía no hay una experiencia de locomoción bípeda?

Sabemos que la famosa australopiteco “Lucy” era bípeda, y no porque la viésemos caminar sino por la inequívoca anatomía de su pelvis. Pero da la impresión que la teoría de sistemas (8) parece ignorar este gigantesco elefante en el centro de su salón:

                     En la teoría de los sistemas, el cuerpo se modela como un sistema mecánico que esta sujeto a la gravedad y a las fuerzas de la inercia. Debido a ello, el niño se modela a medida que se desarrolla, y esta modulación depende de unos factores que varían con el movimiento que va practicando.                                               Fisioterapia en pediatría, pag 33.

De ello se desprende que el cuerpo del niño es como la masa informe de arcilla que pone el alfarero en su torno, una tabla rasa a partir del cual las fuerzas externas en interacción con las internas pueden dar como resultado cualquier cosa. Nada más lejos de la realidad.

El neonato viene provisto de una estructura musculoesquelética predefinida en los genes producto de millones de años de evolución para cumplir una serie de funciones (marcha, prensión, lenguaje) que deben desarrollarse con los estímulos procedentes del medio externo. Esta previsión no es arbitraria sino que esta contemplada en nuestro genoma, como la impronta afectiva (Korad Lorenz), el lenguaje (Chomsky Noam) o la gravedad (Gesell, Vojta).

Nuestra enorme altricidad (inmadurez al nacimiento) es la responsable de que dicho programa motor se deba completar en etapas del desarrollo que no existen en otros primates. Por tanto, el modelaje de la estructura musculo-esquelética tan solo se desviará de su fenotipo “estándar” a través de la práctica constante y mantenida en el tiempo de una determinada función, sobre todo cuando dicha actividad se inicia en estadios tempranos como la infancia.

Ejemplos de ello los tenemos en cualquier actividad física altamente especializada que va desde el inequívoco cuerpo de la bailarina o el asimétrico brazo del tenista, hasta el recolector de cocos caribeño con sus pies modelados a la forma del árbol. No podemos obviar que todos estos modelajes del cuerpo humano en su interacción con el ambiente (y que sirve de apoyo a la teoría de sistemas), lo hacen sobre un asiento genético de su motricidad que nos identifica a todos como especie y, que además, los hacen posibles.

Esta flexibilidad adaptativa es una característica de nuestro genoma (y el de cualquier especie dentro de sus límites biológicos) y gracias a ella podemos habitar todas las latitudes del planeta. A ella le debemos la variedad de nuestras razas y los distintos fenotipos humanos perfectamente adaptados a los nichos ecológicos donde habitan. Como expresa Matt Riddley (9)

                       “Los genes son los instrumentos mediante los cuales se expresa el entorno, tan seguro como que son los instrumentos mediante los cuales se expresa la naturaleza”                                                                                                                                                              Qué nos hace humanos.

No obstante, cuando concurren graves intromisiones procedentes del entorno (ausencia de afectividad, maltrato, privación de oxígeno, TCE etc) o del medio interno (mutaciones, alteraciones sensoriales etc) que afectan a la expresión genética de la motricidad, y éstas son lo suficientemente poderosas, aparecerán en primer lugar las compensaciones, en un intento de continuar con el cumplimiento de las funciones predeterminadas. Solamente cuando no son lo suficientemente eficaces se revelaran las discapacidades.

Desde este punto de vista, el debate acerca de la predominancia en la rehabilitación neurológica de la experiencia sobre la herencia carece de sentido, puesto que cualquier aprendizaje tiene su asiento en la naturaleza y a ella se interpela con cada acción propuesta en la terapia.

Del otro lado, desde un enfoque terapéutico basado en la genética de la motricidad, (como es la terapia Vojta) sucede lo mismo aunque desde una perspectiva diferente. Hay que considerar que los patrones genéticos activados por vía refleja solo pueden ser útiles al servicio de funciones que inexorablemente deben operar en el entorno, puesto que emanan de él, como un producto destilado de las funciones motrices que han configurado nuestra especie a lo largo de toda nuestra línea filética.

La adaptabilidad

Este es otro de los pilares de la teoría de sistemas que se atribuye igualmente a la experiencia, a traves de un razonamiento intuitivo pero errado. Puesto que solo es posible adaptar las respuestas motrices que han sido sometidas previamente a la experiencia por medio del ensayo error se deduce que este mecanismo no es innato.

La adaptación puede responder a diferentes presiones del medio externo, (a) fisiológicas: como la adaptación al déficit de oxígeno de las personas que viven en altura; (b) metabólicas: sostenimiento de enzimas como la lactasa en poblaciones dependientes del ganado vacuno; (c) inmunológicas: como la inmunización contra la malaria en personas de raza negra donde algunas combinaciones de esta mutación da lugar a la anemia falciforme; (d)mecánicas: impuestas por la ejecución de funciones específicas por largo tiempo como las transformaciones físicas producto de actividades deportivas, culturales o laborales.

Estas últimas de naturaleza traumática, más que adaptativa, muestran lo maleable del esqueleto a las fuerzas externas y han podido ser documentadas en restos óseos y asociadas a actividades concretas y documentadas desde hace más de 20 siglos como el trabajo de moler de rodillas y su impacto sobre el aparato locomotor.

Muchas de estas adaptaciones han pasado por su valor para la supervivencia en entornos determinados a formar parte del acervo genético como el color de la piel, en una concepción moderna del Lamarkismo bajo el nombre de epigenética(10). La evolución nos muestra que puede llevar la adaptación, cuando las presiones selectivas son de gran magnitud, hasta su incorporación al plan genético. Ejemplos de ello podemos encontrarlos en cualquier especie, como la reducción de los dedos de apoyo en los ungulados, el pulgar prensil del panda o nuestra propia bipedestación.

La adaptación en el ámbito de la postura previa a un movimiento determinado no deja de ser una característica más de nuestra genética motriz ante determinados estímulos (interoceptivos como exteroceptivos), lo que corresponde a una dotación tan innata como su generalización a situaciones que emiten aferencias de rango similar ¿acaso no resulta sorprendente que todos los niños sean capaces de aprender a montar en bicicleta, y que después de hacerlo puedan montar en cualquier otra, exportando ese conocimiento a situaciónes de las que carece de experiencia previa?

Saber o entender
La teoría de sistemas como cualquier otra teoría con vocación de permanencia debe responder al hecho de que todos los sistemas que integran nuestro organismo, cualquiera que sea la secuencia de su maduración, estan conectadas al servicio del ser como un todo integrado, lo cual es mucho más que un conjunto de sistemas.

Estos no dejan de ser herramientas íntimamente imbricadas en el complejo engranaje de una locomoción que hunde sus raíces en organismos ancestrales, desde la primera célula eucariota hasta nuestros primeros representantes del genero Homo, y de ahí hasta nosotros…pero como ya intuía Vojta, esto no parece interesarle a la investigación neurocientífica que en esta materia se practica en la actualidad, más preocupada de saber qué es lo que sucede, que de entender y comprender por qué y para qué sucede.

                        Incluso hoy en día (año 2000) apenas se tiene en cuenta , al plantear la rehabilitación motora, que existen unos patrones motores ideales que estan en la base del comportamiento motor humano, es decir, todavía se desconocen las reglas dadas “por la naturaleza” o establecidas por la evolución.                                                                                                                                                                    El descubrimiento de la motricidad ideal. Prologo.

Incluso la propia Shumway-Cook reconoce este hecho en su obra.

                   En los últimos 50 años, ha surgido de la investigación neurocientífica una enorme cantidad de información sobre la estructura básica del SNC. Pero todavía existe el reconocimiento de que sabemos mucho pero entendemos muy poco. O sea, sabemos bastante sobre los circuitos neurales, pero poco acerca de la forma en que operan para lograr una acción.                                                                                                                                                                           Control Motor, pag 15.

También desde el campo de neurociencia cognitiva, Josef Ledoux disiente de la línea tomada por la teoría de sistemas, basada en la investigación pormenorizada de sistemas y circuitos cada vez más pequeños y especializados del cerebro como vía para entender su funcionamiento:

                Uno de los grandes desafíos de hoy en la investigación del cerebro es entender cómo funciona el cerebro en su conjunto más que cómo funciona en sus pequeñas partes…

A diferencia de la teoría de sistemas, Vojta siendo neurólogo, nunca tuvo la pretensión de saber qué es lo que acontece en el cerebro cuando se ejecuta o pretende ejecutar una acción motora:

                   Es lógico que en este proceso (referido al movimiento normal) participen todos los circuitos reguladores posibles, tales como los corticoespinales, algunos subcorticales, cerebelocorticales y corticocerebelosos. Su actividad depende decisivamente de las aferencias.

Con esto nos referimos no solo a las aferencias de los propio- y exteroceptores; los interoceptores y los telerreceptores juegan también un papel importante. Sobre cómo se conectan todos estos circuitos de regulación, hay hoy innumerables especulaciones…Para el hombre vale hoy, según mi opinión, la concisa aclaración de Szumski al colaborador de Granit, de que “definir un determinado patrón neural tras un movimiento, es una empresa poco inteligente y frustrante”.                                                                              Alteraciones motoras cerebrales infantiles, pag161.

Y continúa destacando la dificultad de extraer conclusiones fiables acerca del estudio de pequeños sistemas neurales (implicados en la función motriz) dada la enorme variabilidad en la arquitectura cerebral en sujetos sanos de cualquier edad:

                  Es de suponer que este acontecer neural muestra en su complejidad, grandes diferencias ya en los individuos normales. Depende de las diferencias del medio externo, de la diferente personalidad de la primera persona de contacto etc… Así por ejemplo, el comienzo de la sonrisa social, la aparición de la función prensora o la tendencia a la locomoción aparecen –también en niños normales-unas veces antes, y otras, dos o tres semanas después…Conforme a ello, hay también diferencias en los niños sanos en relación a la puesta en marcha de las conexiones en el SNC…                                           Alteraciones motoras cerebrales infantiles, pag161.

De su experiencia e investigaciones se justifica que la ontogénesis de Vojta tenga una visión diferente, aunque no opuesta, a la que representa la teoría de sistemas; que por su parte en modo alguno refuta o supera los planteamientos de Vojta, más bien los confirma en aquellos aspectos donde ha podido investigar con profundidad y rigor (como las conclusiones acerca del control cefálico relacionadas con un patrón de coordinación y no de fuerza).

El enfoque de Vojta, lejos de investigar los sistemas y circuitos de coordinación responsables del control motor, se orienta a establecer las relaciones existentes entre los patrones globales innatos descubiertos con la ontogénesis postural, señalando el camino para entender y comprender la naturaleza genética de nuestro control postural.

Poder utilizar ese conocimiento en la rehabilitación motora constituye el fundamento de una terapia que apela, en primer término, a la evocación de la herencia, en la cual, el entorno ha sido, es, y será el principal agente de transformación de nuestro genoma a lo largo de la evolución.

Bibliografía
1. Charles Darwin. (2009). El origen del hombre. Ediciones Crítica.
2. “Ernst Haeckel — Britannica Concise” (biografía), Encyclopædia Britannica Concise, 2006, Concise. Britannica.com webpage:CBritannica-Haeckel.
3. Gould S,J (1977). Ontogeny and Phylogeny. Cambridge MA: Harvard Univ.
4. Anne Shumway-Cook, Marjorie H. Woollacott. (1995). Control Motor. Williams & Wilkins.
5. Vaclav Vojta. (2005). Alteraciones Motoras cerebrales infantiles. Ed. Morata
6. Vaclav Vojta. (2000). El principio Vojta. Ed. Springer.
7. Vaclav Vojta, Edith Schweitzer. (2011) El descubrimiento de la motricidad ideal. Ed. Morata.
8. Lourdes Macías. Joaquin Foagata Mata. (2002). Fisioterapia en pediatría. Ed Mcgraw-Hill/internacional de España.

9. Matt Ridley. (2003). Que nos hace humanos. Ed. Taurus
10. Nessa Carey, Josep Sarret Grau. (2013). La revolución epigenética. Ed. Buridán.

Acerca de Evolución humana y Terapia Vojta

Este Blog nace de la fusión de dos materias aparentemente independientes: La evolución de nuestra especie y la terapia Vojta en calidad de contenedor de los "fósiles" de la función motriz, como son los patrones de Locomoción Refleja descubiertos por Vojta. Contemplar estos patrones bajo el prisma de la evolución, y viceversa, constituye el propósito de este Blog.
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2 respuestas a La ontogénesis postural desde dos enfoques diferentes: Control motor & Principio Vojta.

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